4 may. 2015

Orígenes de la ideología “dejar llorar a los bebés”

La teoría de “dejar llorar al bebé” se ha convertido en una propuesta popular en nuestra cultura. Ahora se sabe que ésta no es una práctica realizada por ningún ser vivo (revise el artículo Los peligros dejar llorar al bebé para mayor información), y por estudios antropológicos se sabe que tampoco la practicaban nuestros ancestros (El Dr. Gonzalez habla mucho de esto en Por qué los niños despiertan por la noche). Pero alguna vez se ha preguntado ¿cómo es que nació esta ideología? Alice Miller revisa en su libro “Por tu propio bien” los orígenes de ésta filosofía de “dejar llorar”, entre otras filosofías más. Miller revisa las recomendaciones de pedagogos alemanes de los siglos 18 y 19 cuyo objetivo final, no declarado, de tales métodos era formar súbditos obedientes y que el sistema de “educación” permitiría explicar el éxito del nazismo en Alemania con una ciudadanía dispuesta a obedecer ciegamente a cualquier figura de autoridad, aunque sus órdenes fueran crueles, absurdas o inmorales. El libro de Miller (como todos los de su autora) constituye una lectura muy recomendable.




Revisemos estos textos de aquellos “expertos” del pasado y comparemos con los lineamientos actuales para ver cuánto hemos avanzado:
"No se puede tratar de razonar con niños pequeños; de aquí que la testarudez deba ser eliminada de manera mecánica (…) Pero si los padres tienen la suerte de neutralizar la testarudez desde el primer momento mediante serias reprimendas y repartiendo golpes con la vara, obtendrán niños obedientes, dóciles y buenos a los que luego podrán ofrecer una buena educación". (J. Sulzer, 1748 citado por Miller)
"Es perfectamente natural que el alma infantil quiera salirse con la suya  y, si las cosas no se han hecho debidamente en los dos primeros años, más tarde será difícil conseguir el objetivo. Estos dos primeros años presentan, entre otras, la ventaja de que podemos emplear la violencia y la coacción. Con el tiempo, los niños olvidan todo cuanto les ocurrió en la primera infancia. Si en aquella etapa podemos despojarlos de su voluntad, nunca más volverán a recordar que tuvieron una y, precisamente por eso, la severidad que sea necesario aplicar no tendrá ninguna consecuencia grave". (J. Sulzer 1748, citado por Miller)
Nacidas bajo regímenes políticos absolutistas y despóticos, estas teorías trasladan al interior de la familia el modelo represor del estado, y convierten al padre en policía, juez y verdugo (y a la madre en un simple suboficial).
Cuando una teoría es admitida como “verdad científica”, se reviste de una falsa respetabilidad. La ciencia, se supone, no tiene ideología, es neutral y objetiva.
En 1945, los doctores Koller, director del Hospital de Mujeres de Basilea, y Willi, jefe del Asilo de Infancia de Zurich, se expresaban en términos muy parecidos. Su libro alcanzó seis ediciones en Suiza en 1945:
"Algunos lactantes no se conforman con las horas de las tetadas, o quieren mamar más de lo prescrito, o torturan a la madre cada noche con gritos durante horas enteras (…) Si ésta (la madre), ya durante las primeras semanas corresponde a cualquier manifestación de malestar o de mal humor, pronto se hará esclava del niño y sufrirá mucho (…) Significa un error sacar al lactante de la cama porque llora durante la noche o entre las tetadas; igualmente es equivocado tornarlo en brazos o darle más alimento.(…) Sin preocupación, se le coloca sólo en una habitación donde se oigan los gritos los menos posible".
Un autor español es el que de forma más explícita propugna la puericultura como método de adoctrinamiento político. Se trata de Rafael Ramos, catedrático de pediatría en Barcelona después de la Guerra Civil y del triunfo franquista. En su obra de 1941, no esconde sus simpatías políticas:
"Y el Estado verdadero es el que busca la felicidad de sus súbditos, aunque para ello tenga a veces que imponerse por la fuerza, ser duro, riguroso.(…) El niño en todo momento, y desde el primer día de su vida debe saber que hay alguien superior a él que va a cuidarle, no solamente prodigándole alimentos, calor, etc.., sino que va a frenar sus instintos: la madre (…). Desde que el niño nace debe colocársele en su cuna y solamente ir a la cama de la madre cuando va a tomar el pecho. Si llora, no le cogerán en brazos ni le mecerán, sino que le limpiarán caso de estar sucio, le pondrán al pecho si ha llegado su hora (…) o si llora porque tiene necesidad de llorar simplemente, pero sin que precise ningún remedio, se le dejará con toda tranquilidad que siga llorando (…) Y así poco a poco, se deposita en la conciencia del niño un gérmen de valor incalculable que la madre va haciendo crecer. El hijo sabe que hay alguien a quien está supeditado, que le cuida, le dirige y de quien recibe los castigos, si bien no persigue otro fin que su felicidad. A este niño, más tarde hombre ¡qué fácil le resultaría la obediencia a cualquier otra autoridad-superioridad! Pero si a ese hombre no le educaron así desde su cuna, se rebelará a la menor contrariedad, enfrentándose a su maestro, con su jefe, con el guardia de la circulación, con el Estado que le gobierna”.
Lamentablemente, estas teorías pedagógicas no han desaparecido con la dictadura que las justificaba. Autores que sin duda ya no comparten las ideas políticas del Dr. Ramos siguen compartiendo sus ideas pedagógicas. Cincuenta años después, volvemos a encontrar el mito del niño manipulador y astuto:
"Si corregida ésta (la causa) sigue llorando, armarse de paciencia y dejarle llorar. Cuando el niño se convenza de que nadie le presta atención, se callará. De no hacerlo así, hasta el más pequeñito pronto se dará cuenta de su poder y repetirá la escena teniendo lugar fatalmente el comienzo de una mala educación". (Ramos, 1941). "Juanito es un ser inteligente, muy inteligente, y no va a doblegarse a nuestra voluntad a la primera de cambio. Aparte de pedir agua, decir pupa…trucos de los que ya os hemos hablado, puede de que vomite. No os asusteís, no le pasa nada: los niños saben provocarse el vómito con suma facilidad". (Estivill, 1995).
Ahora sabemos que el vómito que tienen los niños cuando se les deja llorar no es voluntario sino una reacción involuntaria al estar sometido a grandes niveles de cortisol y serotonina que son hormonas liberadas cuando se llegan a altos niveles de estrés.

Así como creer que los niños se provocan el vómito para llamar la atención, a lo largo de la historia han existido diversas recomendaciones de supuestos “expertos” que ahora se sabe estaban totalmente erradas, revisaremos brevemente algunas de ellas:
- Hace 70 años vendían “polvos para la dentición” a base de mercurio, sumamente tóxicos, que había que administrar a los bebés para hacerles babear, pues la “bebe retenida” causaba graves enfermedades.

- Hace un siglo se recomendaba dar el pecho diez minutos cada cuatro horas, lo que llevó al fracaso casi total de la lactancia en esa época.

- Fueron expertos los que hace cinco siglos recomendaban envolver a los niños como momias para que no pudieran gatear porque tenían que andar como las personas y no arrastrarse por el suelo como animales.

- Y quizás la teoría que llama más mi atención es aquella que se obligaba (o se intentaba obligar) a los niños de nueve meses y a los de cinco a usar el orinal. En 1941, el Dr. Ramos, refiriéndose al segundo trimestre (es decir, entre los 3 y los 6 meses), afirma: Que el reglamentar los actos naturales de la defecación y la micción es también un poderoso medio educativo. A partir de los tres meses la madre pondrá al niño en el orinalito a las horas en que suele hacer la deposición (…) y si no lo hiciere, está permitido durante unos días solamente introducirle un supositorio de manteca de cacao o glicerina con objeto de que asocie la idea de orinalito y "hacer pon".
Y si el bebé no lo lograba, la vecina, la abuela, el pediatra, el libro y el psiquiatra le decían a los padres: “No puede ser, os toma el pelo”, “a ver si está enfermo”, “teneís que insistir”, “mano dura es lo que necesita ese niño”… Los atribulados padres insistían, ponían al niño en el orinal durante horas (“hasta que no hagas caca no te mueves de aquí”), le gritaban, amenazaban y castigaban, se burlaban de él (“tan mayor y todavía con pañales!”), le llevaban al médico, le daban laxantes, le ponían lavativas (…) No es de extrañar extrañar que algunos de aquellos pobres niños acabasen con neurosis. Por suerte, cada vez más médicos se fueron dando cuenta de cuál era el verdadero problema, y en los setenta el doctor Blancafort expresó a la perfección lo que la ciencia pensaba entonces (y sigue pensando): Antes del año resultan inútiles e incluso contraproducentes los intentos de “enseñar” al niño a controlar correctamente sus necesidades fisiológicas (…) Al niño se le tiene que educar, pero no “domesticar”, como si de un animalito se tratase. Precisamente esto es lo único que, como máximo, conseguirían las madres tenaces y obsesivas: domesticarlo, pero a costa de mantener al niño largar horas sentado en el orinalito, lo que acabaría constituyendo una auténtica tortura en el pequeño y determinando en no pocas ocasiones una actitud de negación y rechazo, cuando no de verdadero terror (…) Es fácil que el niño se encuentre en condiciones de ejercer un control perfecto sobre estas necesidades hacia los dos años de edad. 
Sólo un reproche para el doctor Blancafort: en vez de reconocer que la medicina y la psiquiatría habían metido la pata en este tema, le hecha la culpa a las “madres tenaces y obsesivas”.

Por suerte la pediatría actual es científica y ya no se hacen barbaridades, como la de enseñar a los niños a usar el orinal a los tres meses, ¿verdad? Pero sí se hace una barbaridad semejante para “enseñar” al niño a dormir. Algún día, cuando se reconozca que dejar llorar a los niños por la noche y obligarlos a dormir separados de sus madres durante los primeros años “es inútil e incluso contraproducente” y que esos métodos “domestican, pero no educan”, también le echarán la culpa a las “madres tenaces y obsesivas”. Como si la idea hubiese sido de ellas. (Gonzalez, 2004)

Muchos padres todavía siguen practicando esta teoría de "dejar llorar al bebé" y no por malos sino por desinformación. Lo que nos toca a nosotros es difundir lo más que se puedan estos hallazgos.


También puedes revisar:
El sueño de los bebés: paciencia, amor y malos entendidos - PARTE I
El sueño de los bebés: paciencia, amor y malos entendidos - Parte II
Los peligros de dejar llorar al bebé
Cinco cosas que NO se deben hacer a los bebés
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Para este artículo extraímos párrafos de los siguientes libros:

Carlos Gonzalez. Bésame mucho. Ed. Temas de Hoy 6ta. Edición, 2004

Alice Miller. Tu propio bien, raíces de la violencia en la educación del niño. TusQuets editores, 1ra. Edición, 1980

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